La cuarentena no fue anticipada. Cuando llegó, movió todas las estructuras. Como un terremoto. Entonces, es normal que aquellas parejas que quedaron alejadas hoy sientan angustias, incertidumbre, miedos. La distancia siempre va a ser un desafío para todo vínculo amoroso, porque lo virtual -si bien ayuda- no reemplaza lo físico, aclara la psicóloga Gabriela Sigilli.
Además de ser terapeuta, la profesional está viviendo en carne propia la imposibilidad de ver a su pareja. Como no viven juntos (ella está en Mar del Plata y él en La Plata), por las restricciones de movilidad de la cuarentena no pudieron reencontrarse.
La última vez que vio a Jorge en persona fue el 14 de marzo, cuando cumplieron un año de novios. Hasta entonces, él viajaba cada fin de semana a visitarla. Llegaba los jueves y se iba los lunes. Tenían un lindo proyecto juntos: hacer un viaje por los 60 años de él, en mayo, cuenta la psicóloga a LA GACETA.
Han pasado casi cuatro meses. “Así es como viene transcurriendo el tiempo, tratando de sostener el deseo por videollamadas y mensajes. Lo que intentamos es que no sea todos los días lo mismo. Porque establecer una rutina, decir a determinada hora nos hablamos, a mí me cansa. Entonces, un día nos escribimos, al otro día nos mandamos mensajes de voz”, ejemplifica.
“Las parejas que se encuentran en esta situación de distancia e incertidumbre tienen que trabajar dos cosas, principalmente: la angustia (mantener la ansiedad en límites tolerables) y mantener el deseo. No es lo mismo comunicarse desde la obligación que desde el deseo. No hay que caer en una rutina que desgaste la relación”, recomienda, y señala que estamos en una situación tan especial que es normal sentirse mal, desbordado, solo, y necesitar más que nunca a ese compañero o compañera. “No sólo hablamos de cuestiones de salud; también de lo económico y emocional”, resalta. “Lo más duro es la falta del abrazo”, resume.
Hay que mirar más allá, sostiene Sigilli. “Como cuando iniciamos algo, lo que nos mueve es el deseo. En el camino hay que hacer lo mismo, cuando todo empieza a temblar, hay que ser capaz de ver dónde está el norte, qué nos movió a meternos en la relación y tratar de sostenerlo sin perder el rumbo. Si el lazo está ahí, cuando el vínculo es fuerte, es muy probable que la relación sobreviva esta pandemia ”, sostiene.